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domingo, 6 de octubre de 2013

De los errores y la ingenuidad



Fueron el eco de las olas, gritos en los que el agua se mueren de a poco, gemidos de dolor, de pasión, de fuerza para quienes no olividan. Son brisas de ardor y de sueños, suspiros ajenos, prostitutas sin cliente y con hambre en las noches de invierno.

Los títeres de esta historia lucen deshilachados y usados, sus ropas manchadas y hediondas. Las piernas que miran cruzadas la escena son las de una mujer con vestido rojo, escotado y apretado, medias entalladas, escrúpulos ligeros y vanos... Efímera y hetera.

Serán canciones y poemas escondidos, virtuales ante quien quiera que trate de encontrarles, letras esotéricas e ignoradas, pasos que hieren con peste, manos que acarician el cuello de un muerto, uñas largas, rímel corrido, sufrimiento en vano...

Los muertos no hablan ni resan- Tampoco desean ni cumplen. No cantan más que el silencio, no dicen la verdad ni buscan consuelo.

Los poemas y las canciones berrean, y en su melodrama entorpecen al corazón, embriagan y lloran sin rumbo, son de drama y risa, de demencia y sinceridad cuándo se hartan de tanto adorno, de tanta droga...

Y las funestas horas pasan como granos de arena. Cayendo en montañas sin dueño, atravezando un viento sin rumbo, musitando metáforas sin sentido. Como el hombre que vuela y el águila mustia: adormecidos por el veneno de sus deciciones, y que se encuentran en una mirada distante, lamentando, escupiendo hacia el cielo esperando ingenuamente no escupurse, no mancharse de sus propios actos y deciciones, anhelando que la inminente gravedad no haga su trabajo, el hombre cayendo, el ave volando...

sábado, 17 de septiembre de 2011

El último momento de este sueño....


Y es que hubo una vez, que perdido entre las injurias del destimo más cruel, me perdí. Sin pasos que seguir y una historia qué olvidar, olvidé que lo importante no es evadir. Y el dolor de mi alma, que en su luto se acurrucaba en el regazo de Morfeo, me engañó y me hizo tratar de correr. No es que hubiera un camino trazado, ni a seguir. Sólo se extravió esa certeza que uno adquiere en el mundo de lo material.

Vivir entre pasos no concretados, fijar el destino a lo improbable, apostar a todo menos a la certeza. Notas diarias que habría de tomar si quería despegarme de aquello que tanto dolor me traía. El drama, el drama en carne viva, una simulada imagen que sólo me engañó, y que al final de cuentas, no sirvió tampoco para deshacer el ego.

Un atentado contra el ego, es lo que buscaba, un atentado que me hiciera deshacerme para volver a empezar, para poder fijarme ahora algo no tan efímero, para adquirir una postura más real y menos materal. Y sin embargo, a lo largo de un año, quizás más, sólo he podido tropezarme con lo mismo.

El problema de negar lo mundando de la sociedad radica principalmente en el error que eso implica. Tratar de imaginar que lo efímero no conquista con su cetro al séquito de lo mediocre, es como negar lo redondo del mundo, lo ciclico del universo y lo patético del humano.

Y sin embargo, esa pequeña estrella en lo lejano, ese pequeño brillo, ese minúsculo bosquejo de esperanza, me sigue.

Ahora, dejé de esperar del mundo algo diferente que pedradas y rechazo. Dejé de buscar para poder encontrarme y comencé a caminar construyendo. Decido entre los nulos nuevos pasos, no retomar un camino, sino construir uno nuevo. Quizás no empecé desde el principio, pero es un nuevo empezar porque no se en dónde estoy ni a dónde voy. Y el no saber me permite vislumbrar desde lo construido lo que mi verdadera voluntad apetece...

domingo, 17 de abril de 2011

Arrullo.

Canto entre tanto, sin sentido ni forma. Canto una canción sin dueño ni fantasma, con notas que no imagino, con voces que no conozco, en tiempos que no acontecen y sin el permiso de alguna deidad o respeto.

Se levanta en mi cuarto una sábana: tu nombre. Se cocina en mi piso un recuerdo. Huele como a cardamomo con chocolate... cardamomo confitado con chocolate. Y el aliento que deja en toda mi habitación se refleja en mi espejo con la sensación tu nombre que hiede a luna.

Sueño tus cejas como quien sueña volar por el amazonas. Luego veo la luz de mi ventana al día siguiente. No es temprano. No está bien. Algo pasa y no me explico la forma de mi cama, ni las sábanas ni el vestigio de aromas cítricos y amargos.

Caigo sin más al recuerdo solemne de tu presencia. Caigo y hago berrinche como niño chiquito, como malcriado escuincle que se niega a aceptar una orden. La realidad me ordenó evadirte, olvidarte, no extrañarte, pero no hice caso y me quedé ciego, torpe, adicto y desorientado.

Ahora no veo amor, ni huelo almas, ni escucho ojos, ni siento tu piel, ni tus manos. ¡Manazas! Ahora no sueño, no camino, no sigo vivo y vivo en mi rutina de ser terco con la muerte. Le doy por su lado y me persigue marchitando mis flores, mis ideas, mis emociones. Marchita lo marchito en vida artificial y rutinaria. Calumnia. ¡Maldita muerte!... bendito llanto...

Y entre tanto, las sogas de mi mente siguen suicidando palabras.
Y entre tanto, tartamudeo en el frío de este calor, sofocante calor de primavera. Me retuerzo entre el eco de sonidos ajenos, lejanos, como la imagen de una ola impactando en el mar, lejana, humilde...

Arrullo... ¡¡ATENCIÓN!! Busco arrullo a quien lo de y me regale esa limosna. Busco arrullo en mi cama y mi sueño, busco arrullo que me arroje al arrollo de mis recuerdos, en sueños volátiles que me permitan dejar de soñar contigo, tu pelo, tu aliento, tu torso y tu risa... tu sonrisa... Busco arrullo porque no duermo desde que decidí alejarte de mi vida, busco ese lugar confortable en mi almohada, en mis ideas, busco poder pensar emocionado en que quizás un día despertemos juntos, busco emocionarme antes de dormirme, arrullado por la efímera imagen utópica que ya no me emociona, que ya no me interesa.

Arrullo... sólo un poco de arrullo por favor.

martes, 18 de enero de 2011

Plack!!!


¡Me he visto tantas veces, absorto en la mirada reflejada en el espejo, perdido en la lujuria de encontrarme con ese ego tan absurdo y sin forma, tan ideal e insatisfecho!, ¡tantas veces!, que, cuando voy caminando por las calles, la ilusión de las ventanas en los carros me han demostrado un poco de verdad y fantasía, y que luego, todo eso, se desvanece por los trotes imperantes de una rutina tan inequívoca y estática como desde este siempre... ¡Tantas veces me he mirado sin saberme, y yo, creyendo verte en el espejo!...

En el cielo incide un sueño que no recuerdo del todo, en el que aparecen flotando las nubes rosas de una decadencia climática, irónico resultado de una contaminación inminente, pero a la vez, hermoso espectáculo que algunas primaveras, en nuestra contaminada ciudad, invoqué con desesperada impaciencia. Y en ese cielo, nos sueño volando como aves intoxicadas, cayendo, muy lejanos, irrespirables, con tantas endorfinas como remembranzas....

El conocimiento se forma claro de pequeños y escrupulosos recuerdos. "Conocerme", "saber quién soy", "identificarme conmigo mismo" y "tener una certeza de mi rumbo": ideas cliché de una formación con fin patético en un pretérito nunca consolidado. Nada es así, nada es estático ni certero, ni escrito ni definido en un futuro de manera determinada, al menos nada en este inmenso mar de las emociones. Los sentimientos, las personas, los lugares y las formas... todo cambia menos el cambio.

Luego, en el espejo (quizás el lugar más estático de mi casa), se encuentra este reflejo con el que nunca me identifico y que a su vez reconozco con su lugar y su forma. Me gusta y no me genera satisfacción del todo. Veo avances y me pregunto si tendrá sentido seguir con todo eso. Me sonrío y miro muy adentro de mis ojos a ver si todavía se encuentra ese brillo, esa mirada fugaz y tenaz que solía tener cuando niño. Todo desaparece con un poco de experiencia. Las cosas que uno pretende hacer en su vida se ven entorpecidas por fantasías y señuelos: decisiones que nunca se concretan pero que cambian el camino hacia un lugar más profundo. La hondura de mi mirada se tornó alcanzable y se ve el fondo, como cuando encuentras a un animal acorralado y con miedo. Ya no miro como cuando me enamoro, ya no me enamoro como cuando vivía extasiado, pero sigo viviendo por encontrarme extasiado de la ilusión de amor o no amor.

Anhelo de llenar un hueco que no se puede llenar. No es como comer, o como dormir, no es una necesidad propia del ser humano. Nos hacemos de ella porque así nos forman. Nos vuelven adictos a una ilusión falaz y cursi, no definida. Nos pretenden hacer creer todo el tiempo que el fin de la vida es amar, cuando eso que llamamos amor es algo no concreto y no realizable para todos y como todos, al menos no como nos dicen que es. Y hay a quienes si les toca subirse a ese trampolín y saltar. Habemos muchos a los que no nos agarraron del otro lado... ¿A cuántos no habré soltado o no habré recibido en mis brazos? ¿A cuales de esos no los he podido soltar y cuántos no han querido soltarse? Vivir y morir, aquella pequeña y peculiar coincidencia que nos mantiene en este mundo.

Y en mi sueño -en el que ahora sólo yo vuelo-, caigo. Pero caigo feliz e impaciente de impactarme con el suelo, como resignado de alcanzar algo que acabara con un duelo, y en el momento del impacto, atravieso a la tierra como si todo el tiempo hubiera sido sólo un engaño su indudable firmeza...

[Plack!!!!]

Ahora, que despierto de este sueño, sólo me queda voltear y ver con una sonrisa mi pasado. Sigo vivo y solo queda el rastro de la tragedia, esquinada, ella sola sólo lamentándose en su tristeza, enojada y con rabia de tanta frustración, enferma, efímera y muda. Mucho qué hacer, mucho qué recoger y alzar. Así como El Villano destruye y devasta, los humanos no nos cansamos de hacer nuestras terquedades sustentadas en el instinto patético de seguir vivos, nuestro capricho. Así, poco a poco, vuelvo a imaginarme ante el espejo y te veo. Me veo. Nos vemos. No somos más que el mismo reflejo de algo que quizás se haya disipado. Quizás, sólo milagrosamente, seguimos vivos, sin importar las hazañas de un destino irrefutable, destino que se ha venido escribiendo desde el momento en el que nacimos como éste algo o alguien, destino no partícipe en el futuro, cambiante, creciente, y vivo, nada estático más historia que destino-.